martes, 18 de julio de 2017

Vicente Fox y el plebiscito en Venezuela. Por Luis Hernández Navarro.

Samuel Moncada es el canciller de la República Bolivariana de Venezuela. El pasado domingo declaró a Vicente Fox persona no grata. No hay novedad en ello. Lo sorprendente es que los mexicanos no lo hayamos hecho antes.
El canciller añadió: El señor Fox quiso provocar a las autoridades para armar un circo mediático que sirviera a los viles intereses que lo contrataron. ¿Acaso el ex presidente mexicano no lo ha hecho así una y otra vez desde hace al menos 12 años?
¿Qué hizo ahora la chachalaca mexicana en Caracas para provocar la furia del gobierno venezolano? Escribir un tuit en ¡inglés! en el que acusa: “Diosdado Cabello. Tú eres él que está detrás del Dictador Maduro. Tú eres el asesino, tú torturas, tus manos están llenas de sangre. Conocerás la Hall Court (sic). Prepárate. “Cabello es actualmente diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela y una de las figuras claves en la relación entre militares y políticos chavistas.
Y otro más –este sí en español– en el que explica@NicolasMaduro no tiene una dictadura perfecta ni blanda, está haciendo pasar a Venezuela por una dictadura violenta, torpe y descarada.
Fox viajó a Caracas con otros ex mandatarios latinoamericanos simpatizantes de la oposición venezolana, para participar como observador de la consulta organizada por quienes buscan la salida del presidente Nicolás Maduro.
No hay novedad en los pleitos de Vicente Fox con la revolución bolivariana. En noviembre de 2005, siendo él presidente, expulsó al entonces embajador Vladimir Villegas y colocó la diplomacia bilateral cerca del abismo. Fue hasta septiembre de 2007 que se nombraron nuevamente embajadores en ambos países.
La agudización del pleito se dio en el contexto de la penosa actitud del mandatario mexicano en la cuarta Cumbre del Mar de las Américas. Haciéndole el trabajo sucio a Estados Unidos (tal como ahora se lo hace Luis Videgaray), Fox se dedicó a impulsar la iniciativa de un Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), en contra de los gobiernos de Argentina, Venezuela, Brasil, Uruguay y Paraguay.
Días después, ya en Caracas, el entonces presidente Hugo Chávez denunció en cadena nacional de televisión y radio, que el presidente de México salió sangrando por la herida. Yo les voy a mostrar los videos de los discursos: da tristeza el entreguismo del presidente Fox. Qué triste que el mandatario de un pueblo como el mexicano se preste a ser un cachorro del imperio, cuando México ha sufrido durante años el atropello del imperialismo de Washington.
Los exabruptos del cachorro mexicano del imperio no son una iniciativa propia. Están absolutamente sincronizados con la política de Tlatelolco. No son ocurrentes improperios ideológicos de un panista trasnochado, sino parte de una operación más amplia que busca ocultar la estrepitosa derrota del canciller mexicano en la última reunión de la OEA realizada en Cancún. No en balde, en distintos momentos de la campaña por la presidencia de 2006, Vicente Fox apoyó públicamente a Enrique Peña Nieto. En 2012, llamó a cerrar filas en torno al candidato que va a la cabeza en las preferencias electorales porque México no puede permanecer otros seis años de confrontación y jaloneo entre la clase política.
El asunto alebrestó los ánimos de Acción Nacional. Tanto así que, el entonces líder panista, Gustavo Madero, declaró que el ex mandatario podría ser sancionado o expulsado del partido por apoyar al candidato del PRI. No lo hicieron.
Desde entonces, Vicente Fox –el presidente que reprimió las luchas de Atenco, los mineros de Lázaro Cárdenas y el movimiento de la APPO en Oaxaca– ha encontrado en los ataques a Venezuela sus 15 minutos de celebridad. Desde aquella fecha, cada vez que el mexicano insulta a Hugo Chávez o a Nicolás Maduro, los medios de comunicación (principalmente electrónico) recogen y amplifican sus palabras, como si fueran un argumento de autoridad.
La historia es interminable. En abril de 2007, Fox ganó cierta atención mediática, ofreciendo cabalgar a lomos de mi caballo para dirigirme hacia el sur y defender del gobierno autoritario, demagogo y dictatorialdel presidente Hugo Chávez y promover, al mismo tiempo, una economía con rostro humano en el conjunto de los gobiernos de América Latina.
Encarrerado, en 2011, en República Dominicana, en plena campaña por legalizar la mariguana, el ex mandatario acusó a Venezuela, sin ofrecer prueba alguna, de seguir facilitando el tráfico de drogas. Parece –dijo– que hay una asociación entre Chávez y los cárteles de las drogas”.
Un año después, en diciembre de 2012, tildó de burro al presidente Chávez y a otros mandatarios latinoamericanos por oponerse al libre mercado.
Riguroso como es en sus análisis, el marido de Marta Sahagún equiparó a Donald Trump –cuando era candidato– con Hugo Chávez. Lo acusó de ser un falso profeta, aseguró que estaba loco y luego le pidió perdón... “Soy –dijo– lo suficientemente humilde como debe ser un líder compasivo. Si te ofendí, lo siento”. Curiosamente, también comparó a Bernie Sanders con Chávez. Y, ahora, en Caracas, llamó a Nicolás Maduro loco, por enésima ocasión.
Pero, en lo que sí fue exitoso el espectáculo caraqueño del señor de las botas fue en trasladar a los opositores sus artes de mapache electoral. Mientras él vociferaba ellos hacían trampa. El fraude que instrumentó en 2012 para hacer ganar a Felipe Calderón en México se trasladó magistralmente a aquellas tierras. Los antichavistas se despacharon con la cuchara grande en su falso plebiscito (la figura no existe legalmente). Fuera de ese país votaron 693 mil personas, pero el registro electoral de los venezolanos en el exterior es de 101 mil. En la consulta sufragaron niños de 10 años y una sola persona lo hice en 17 ocasiones (https://goo.gl/1FKnWt ). Aún así, tuvieron menos votos de los que alcanzaron en 2013.
La última aventura venezolana de Vicente Fox corrobora la descripción que en su momento hizo sobre él el presidente Hugo Chávez: es el cachorro del imperio. Y, también –habría que añadir– de Los Pinos.
Twitter: @lhan55

miércoles, 12 de julio de 2017

¿Qué pasaría si la Unión Europea se independiza de EE.UU.?



Carlos Santa María.- Toda la documentación existente comprueba de modo fehaciente que la Comunidad Europea es un feudo de EE.UU, es decir, no actúa sin su consentimiento y tiene una actitud complaciente en prácticamente todo lo que se le ordena desde ese país norteamericano.
Si los gobiernos alemán y francés, especialmente ahora que el Reino Unido sale de esta relación con el Brexit, tuvieran una posición autónoma, soberana, el mundo podría tener un minuto de tranquilidad bélica, pues todos los esfuerzos de la Casa Blanca por continuar las guerras no serían aceptados sin ninguna crítica por dichas administraciones.
El resultado sería una Europa más sólida, con relaciones internacionales de mayor equidad, luchando directamente contra el flagelo del terrorismo y cuyas directrices estarían en consonancia con la Humanización. Pese a sus propias limitaciones, por lo menos se pensaría que la política de sanciones que causa estupor, daños y es provocada usualmente por la venganza, tendría que ser transformada radicalmente en diplomacia transparente y diálogo fructífero.
Sin embargo, ha pasado el tiempo en que Francia tenía un rey que se preciaba de su poder y un Napoleón que subrayaba el valor de lo francófilo, independientemente de la cultura libertaria en la Revolución; ha pasado el tiempo en que Alemania poseía un Bismarck que consolidaba su propia identidad germana; continúa el tiempo en que los ingleses, otrora flemáticos y orgullosos, siguen los dictados foráneos y se inclinan con obediencia extrema. Cuando se conoce que sus gobiernos han sido espiados por el aliado principal y no hay reacción alguna, excepto quejas débiles e ineficientes, es claro que la dependencia política es casi absoluta.
¿Por qué no se toma en cuenta a otras naciones del concierto europeo? Las razones son básicas: no cuentan en las elecciones del bloque ya que la obligación es votar de acuerdo a lo que les indiquen y lo deben hacer sin actitud contestataria. Es decir, poseen mínimo peso para proponer opciones diferentes y ser aceptadas, incluso cuando favorecen a la misma comunidad europea en la medida que no reciban el visto bueno externo.
Las supuestas contradicciones entre la UE (entendiendo las naciones mencionadas), y EE.UU., son menores frente a la obligación entregada a sus gobernantes para insistir en la política militarista, afectando a sus propias naciones. 
Cabe mencionar como un argumento esencial que la Comunidad Europea arriesga a su territorio, a sus ciudadanos, en una clara actitud antipatrótica al aceptar que una confrontación que compete al Pentágono y las élites financiero-militar-industrial globales puedan ser trasladadas a dicho espacio donde niños, mujeres, hombres, ancianos, ciudades y campo, sufrirían las consecuencias devastadoras de una confrontación armada y posiblemente la Tercera Guerra Mundial, nuclear y definitiva. Estados Unidos no sería el epicentro, sino que los tributarios europeos.
La conclusión más importante e imposible de contradecir con argumentación válida es que Francia y Alemania siguen siendo gobiernos genuflexos del Pentágono y no han dado muestras de querer cambiar significativamente. Ello se ha confirmado también por la escasa independencia de dichos mandatarios de la tutela estadounidense y, finalmente, parece ser que la soberanía ha sido conculcada.
El mundo digno y autónomo espera una reacción de altura en estas naciones, quedar en la historia como aquellas que, teniendo la cultura y poder para hacer de la paz una constante internacional, prefirieron asolar el planeta de conflictos artificialmente creados para favorecer a la Corporatocracia o conjunto complejo de las élites inequitativas.
Es tiempo propicio para levantar la mirada hidalgamente y comprometerse con la justeza y pacificación planetaria.

Fuente: RT

martes, 11 de julio de 2017

El compromiso de los intelectuales en el siglo XXI. Por Pascual Serrano

Pascual Serrano
Intervención en 80 Aniversario del II Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura. La Habana, 10 y 11 de julio de 2017
Antes que nada quiero agradecer a la Fundación Nicolás Guillén, a la Unión de Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y al ministerio de Cultura de Cuba su invitación a este Congreso y felicitar por su celebración. Igualmente agradezco la colaboración de la embajada de España en La Habana y la presencia del embajador y su agregado cultural. Ojalá esto suponga un mayor compromiso del gobierno de España con la memoria histórica de nuestro país y la justicia con nuestro pasado.
Dijo el lingüista Noam Chomsky en su obra La responsabilidad de los intelectuales, allá por 1969 con motivo de la guerra de Vietnam, que la responsabilidad del intelectual es, sencillamente, “decir la verdad y denunciar la mentira”. Es impresionante que ese reto sea tan simple y al mismo tiempo tan complicado en los tiempos actuales. Existen momentos históricos en los que el papel del intelectual es fundamental y debe mostrar si trabaja para perpetuar el sistema de los poderosos o, al contrario, se sitúa al lado de los pueblos. La guerra civil española fue una de esas situaciones. Pero también la de Vietnam, la revolución cubana, la invasión de Iraq, la revolución bolivariana de Venezuela.
La otra función del intelectual es acortar al máximo la brecha que existe entre él y el ciudadano. Es decir, elevar el nivel cultural de cada hombre y cada mujer para que la literatura, el arte, la música, el cine y el resto de ciencias y artes dejen de ser privilegio de pocos para convertirse en riqueza de todos. Y ahí es donde se comprueba si un gobierno de verdad quiere un pueblo culto, con conciencia, sin miedo al conocimiento, al debate o la confrontación de ideas.
El gobierno de Cuba, en esta ocasión y en otras muchas, ha convocado a los intelectuales que se sitúan al lado de los pueblos. Y el gobierno de Cuba ha demostrado su apuesta por elevar el nivel cultural de los cubanos: con su lucha contra el analfabetismo nada más llegar al poder, con su política editorial, su apoyo al teatro, a la danza, a la pintura, su capacidad de enfrentar al mercado también en el dominio cultural.
Es mi intención hablar del compromiso de los intelectuales en el siglo XXI. Alguien podrá plantear que este siglo no tiene nada de diferente a cualquier otro a la hora de plantear el papel de los intelectuales. En parte es verdad, algunos elementos no han cambiado: la necesidad de unos intelectuales que respondan a los intereses de las clases populares y a ellas se deban, un poder que intenta comprarlos como primera opción o silenciarlos como segunda, un mercado como principal herramienta para ejecutar esas acciones del poder. Pero hoy tenemos características nuevas, sin precedentes:
- Un mundo globalizado
Si siempre, por razones éticas o morales, nos debía resultar cercana cualquier injusticia contra cualquier persona en cualquier lugar del mundo, ahora todo se encuentra interrelacionado. Cuando una persona es explotada laboralmente quizás una empresa a la que nosotros apoyamos sea responsable, cuando una bomba cae sobre una población quizás detrás esté nuestros ejército o el dinero de nuestros impuestos, cuando un gobierno occidental apoya un golpe de Estado quizás detrás esté nuestro voto a ese gobierno. Por tanto, la necesidad de un compromiso del intelectual que llegue a cualquier lugar del globo hoy es más importante que nunca. Es más, la ausencia de compromiso con el combate a la injusticia hoy ya deja de ser un signo de indiferencia para ser directamente crimen.
- Un mundo multipolar
Pasamos de un mundo dividido en dos bloques al derrumbe de un de ellos y la, aparente, victoria del otro. Es verdad que el bloque capitalista tiene un claro predominio mundial, pero están surgiendo otras potencias con gran capacidad de contestacion: China, Rusia, Irán, Brasil, India. ¿Alguna de ellas son nuestro referente o alternativa? No. ¿Son tan peligrosas para la paz mundial y tienen las manos igual de manchadas de sangre que Estados Unidos? Tampoco. Por tanto, en nombre de la equidistancia y de la pureza de ideas no debemos aceptar el trato por igual. El intelectual no silenciará injusticias, pero no deberá permitir que, con la coartada de combatirlas se cometan más crímenes. No debíamos aceptar que en nombre de la lucha contra la opresión de las mujeres se invada Afganistán, no debíamos permitir que bajo lo excusa de la defensa de minorías étnicas se destruya Yugoslavia, tampoco que la excusa de déficits democráticos se utilice para bombardear Libia o Siria y derrocar gobiernos. No vamos a permitir que el vecino que lanza a sus hijos por la ventana nos diga que debemos denunciar al que les da un azote. No seremos coartada para el crimen. El imperio ha aprendido que necesita excusas y coartadas para los genocidios, las encuentra con la complicidad de gobiernos lacayos, de medios de comunicación sumisos y de intelectuales rastreros. Nuestro deber es denunciarlo.
- El uso y abuso de la religión como arma de enfrentamiento de los pueblos
Durante siglos los poderosos han utilizado el nombre de Dios para llevar a las gentes a la guerra y la muerte. Durante el siglo XX, a pesar de sus guerras y sus holocaustos, parecía que el racionalismo se iba imponiendo. Ahora vemos que no está siendo así. De nuevo apelar a Dios sirve para intereses de los poderosos. Sirve para atacar cuando se está desesperado y para contraatacar cuando se quiere criminalizar al diferente. Sirve para reclutar mercenarios a los que ahora se les paga con la promesa del paraíso y sirve para sembrar el miedo que nos paralice y nos hace aceptar la opresión. Los intelectuales solo aceptaremos y principios basados en el racionalismo nacido en la revolución francesa y en las banderas de justicia e igualdad que se alzaron en posteriores revoluciones. Si el creyente se quiere unir a ellas bienvenido será.
- El siglo de la información
Otra de las novedades de nuestra era es que estamos viviendo los tiempos de la información. El mundo ha producido en 30 años más informaciones que en el transcurso de los 5.000 años precedentes... Un solo ejemplar de la edición dominical del New York Times contiene más información que la que durante toda su vida podía adquirir una persona del siglo XVII. Por poner un ejemplo, cada día, alrededor de 20 millones de palabras de información técnica se imprimen en diversos soportes (revistas, libros, informes, disquetes, CD-Rom). Un lector capaz de leer 1.000 palabras por minuto, ocho horas cada día, emplearía un mes y medio en leer la producción de una sola jornada, y al final de ese tiempo habría acumulado un retraso de cinco años y medio de lectura...1 ¿Ha servido el manejo de esa información para crear individuos más sensibles al dolor de los lejanos, para reconocer mejor a los responsables de las injusticias, para organizarse mejor en la búsqueda de alternativas? Sinceramente creo que no.
Y mi respuesta es que no, porque desde el poder se han encargado de sepultar las grandes verdades con ruido, paja e incluso mentiras. Porque los grandes pensadores, los grandes luchadores, las grandes causas siguen siendo silenciadas. Como decía el arzobispo Heldert Camara, cuentan que la gente es pobre pero se cuidan mucho de explicar por qué son pobres.
De ahí que otra de las responsabilidades de los intelectuales en el siglo XXI es explicar el mundo con el arma de la verdad. Algo que, paradójicamente, quizás hoy sea más difícil por dos razones. Porque los altavoces los tienen otros y porque, a diferencia de otras épocas, la gente cree, equivocadamente que sabe la verdad. Y es más difícil convencerles de que viven en una mentira que enseñar la verdad al ignorante. Los ciudadanos en España, en Europa, en Estados Unidos, creen que Venezuela es una dictadura cuando hubo más elecciones y más justas que en nuestros países, creen que la oposición es pacífica cuando lleva un centenar de asesinatos, algunos quemando vivos a partidarios del gobierno sin que lo sepan en nuestros países, creen que EEUU está preocupado por llevar la democracia y la libertad a otros países y solo ha llevado muerte, creen que los empresarios crean trabajo y que lo estados son ineficientes y desconocen que la mayoría de los empresarios del mundo acumulan riqueza con la explotación de una humanidad que no tiene otro patrimonio que su fuerza de trabajo que debe ofrecer prácticamente gratis. Y no saben que solo tendrán salud, sanidad, salarios justos y paz si tienen un Estado fuerte y democrático. Y ahí debemos estar los intelectuales que hemos logrado movernos en la búsqueda de una información rigurosa y veraz, en el compromiso de llevarla a las gentes. La verdad os hará libres, dijo Jesús, el de la Biblia. Y en eso tenía razón, aunque luego la Iglesia de Roma se haya dedicado dos mil años a difundir mentiras. La verdad, además es revolucionaria cuando se vive en un mundo donde predomina la mentira, como es el actual.
Para ello debemos enfrentar a todo el aparato mediático. Un aparato que se ha demostrado mucho más eficaz en silenciar las voces de los dignos que cualquier dictadura. Hoy no haría falta encerrar a Miguel Hernández hasta que muriese de tuberculosis, ni fusilar a Lorca o que se tuviese que exiliar Antonio Machado. La plutocracia mediática los silenciaría con quizás el mismo efecto. ¿Acaso pensamos que un gran medio de difusión masiva publicaría hoy los llamados revolucionarios de Bertolt Brecht? ¿o defendería “violencias” como las de franceses o italianos bajo la ocupación nazi? Al contrario les llamarían terroristas ¿Cómo tratarían hoy los medios al Che si existiera? ¿qué diría hoy lo crítica si un escritor plantease el dilema de Camus en Los Justos?
La tragedia de los últimos cincuenta años es la puesta en marcha de un sistema de genocidio informativo de todo intelectual rebelde y de consolidación de la meritocracia mediática del sumiso y halagador.
Por eso tenemos ante nosotros un gran reto, que forma parte del compromiso intelectual. El de romper el cerco mediático, romper el bloqueo. Durante la clandestinidad, el Partido Comunista de España creó lo que llamó los “equipos de pasos”. Eran comandos de militantes cuya función era que los líderes y militantes comunistas pudiesen atravesar los Pirineos sorteando los controles fronterizos. Ahora debemos crear también “equipos de pasos” para que el pensamiento, las ideas y las palabras, sonidos e imágenes que traen la verdad atraviesen los controles fronterizos interpuestos por los grandes medios de los grandes capitales entre los ciudadanos y los intelectuales díscolos. Los militares de fronteras y represores o el burdo censor que antes había que burlar para que el intelectual subversivo no terminará en prisión, ahora se ha transmutado en responsable de medios que son la voz de su amo, gran empresa accionista o publicitaria.
Los intelectuales comprometidos debemos también ir organizando grupos de pasos que emitan al aire la palabra, que impriman las letras, que iluminen las imágenes.
La era de Internet
Sí, el papel de los intelectuales, hoy y siempre, es intentar iluminar, con humildad y con modestia, es un mundo en el que hay más poderes interesados en mantenernos en las tinieblas. Pero cada época tiene sus propias formatos de dominación y, por tanto, también debemos aprender las técnicas de liberación. Nuestros tiempos son indisociables de internet, la era de la internet le llaman incluso. Y es en ese ciberespacio donde se está desarrollando parte de la batalla. No toda, pero sí parte. Internet puede servir para alienarnos con sus chisporreteos de frivolidades e intrancendencias, con los narcisismos de sus redes sociales, con su alud de mentiras y falsedades, con una falsa sensación de militancia. Pero también puede servirnos para enfrentar al oligopolio de los grandes medios de la información, para tejer redes de solidaridad e interacción que se materialicen en la vida real, para llevar la cultura donde nunca pudimos llevarla. Los intelectuales debemos saber utilizar en cada época las armas que disponemos, y ni una sola del enemigo debemos ignorar. Pero siempre recordando que el hambre, la opresión y las injusticias se producen en el mundo real no el virtual.
Muchas gracias
1Ramonet, Ignacio. La explosión del periodismo. Clave Intelectual, Madrid, 2011.

Couso: “El acuerdo UE-Cuba entierra la infame posición común que promovió Aznar”


El eurodiputado de Izquierda Unida Javier Couso defendió anoche el acuerdo entre la Unión Europea y Cuba por suponer el “entierro definitivo” de la “infame Posición Común” que promovió en Bruselas el expresidente del Gobierno español, José María Aznar. Un acuerdo que es fruto de un diálogo sincero entre Bruselas y La Habana y que trata “todos los temas”. Sin embargo, el también vicepresidente de la comisión de Asuntos Exteriores de la Eurocámara cargó contra aquellos grupos como el Partido Popular Europeo que pretenden alargar en el tiempo las políticas del “figurante de las Azores”, tratando de que Cuba sea tutelada y examinada para hacer una transición de corte neoliberal, como quiere EEUU.
“Si por más de 50 años EEUU no ha conseguido doblegar a una isla pequeña en población, pero grande en dignidad y soberanía, poco podrá hacer la versión del disfraz blando que bebe del extremismo de Miami”, dijo Couso en referencia a aquellos que aún se oponen a que Bruselas mantenga una relación de igual a igual con La Habana, y al final de una intervención en la que señaló el apoyo de IU al acuerdo en sí, pero no al informe elaborado por la eurodiputada socialista Elena Valenciano, por haber quedado “desfigurado”.
“Celebramos la próxima firma del Acuerdo de diálogo político y cooperación entre la Unión Europea y Cuba. Es un acuerdo bilateral construido gracias al diálogo franco que han mantenido las dos partes, basado en un respeto sincero y abierto a todos los temas. Así es como entendemos en IU y en el Grupo de la Izquierda Unitaria Europea las relaciones internacionales”, señaló.
Además, “celebramos este acuerdo porque supone el entierro definitivo de la infame Posición Común que promovió el figurante de las Azores, José María Aznar”, quien tal y como dijo el eurodiputado, trató de “emular como una mala copia la política de agresión” que EEUU ha sostenido contra Cuba “para lograr un gobierno sumiso a sus intereses”.
“Votaremos a favor de la recomendación que concede la aprobación de este Acuerdo –explicó-, pero no haremos lo mismo con el informe” de la propuesta de resolución no legislativa.
“Hay que señalar que la primera versión” que elaboró la ponente, Elena Valenciano, “era equilibrada y ponderada”, y “todos los grupos lo hubiéramos podido suscribir”. Pero “como el diablo está en los detalles, determinados grupos han convertido este informe, que tiene cosas buenas, en algo que pervierte el acuerdo”.
Ese texto “parece una resolución que examina a Cuba, que pretende tutelarla para llegar a una transición neoliberal”, pero “algunos en esta Cámara deberían aprender las lecciones de la historia”, cerró, antes de avisar que, por mucho que la UE y EEUU lo hayan intentado, Cuba “mantiene su dignidad intacta”.

Fuente: IU Europa

lunes, 10 de julio de 2017

“Tenemos fuerza para ser una alternativa de gobierno que busque cambiar el modelo neoliberal”

Por Gerardo Szalkowicz y Lucio Garriga

En octubre del año pasado, con apenas 31 años, saltó al centro de la escena política al ser electo alcalde de Valparaíso. Jorge Sharp es uno de los principales exponentes de la nueva izquierda chilena que conformó recientemente el Frente Amplio, un novedoso espacio que viene pisando fuerte y busca darles pelea en las presidenciales […]

En octubre del año pasado, con apenas 31 años, saltó al centro de la escena política al ser electo alcalde de Valparaíso. Jorge Sharp es uno de los principales exponentes de la nueva izquierda chilena que conformó recientemente el Frente Amplio, un novedoso espacio que viene pisando fuerte y busca darles pelea en las presidenciales de noviembre a los dos bloques que hegemonizan el poder desde la caída del pinochetismo.
Después de las primarias del domingo pasado, el camino electoral muestra al empresario y exmandatario Sebastián Piñera rankeando más alto. Detrás, aparecen en los sondeos la periodista Beatriz Sánchez (ganadora en las internas del Frente Amplio) y el candidato oficialista Alejandro Guillier. En esta entrevista, Sharp describe la mirada latinoamericana de la debutante coalición y se muestra optimista de cara al futuro, aunque advierte que “ninguna fuerza en la historia se constituyó de la noche a la mañana”.

–¿Cómo podría caracterizar al Frente Amplio? ¿Cuál es su composición?

–El Frente Amplio es una coalición de movimientos políticos y sociales de muy reciente conformación. Expresa un proceso de maduración que han vivido diversos sectores movilizados de la sociedad chilena desde las manifestaciones estudiantiles de 2006 hasta las más recientes contra el sistema de las Administradoras de Fondo de Pensiones. Parte de esos sectores movilizados fueron avanzando en procesos de constitución de diversas fuerzas políticas que hoy confluyen en el Frente Amplio. Existen organizaciones de izquierda pero también hay otras fuerzas que no necesariamente tributan a una tradición izquierdista, como algunos grupos progresistas o socialdemocráticos. Es una fuerza política nueva que surge con total independencia de los dos bloques tradicionales, tanto la derecha de Piñera como la Concertación o Nueva Mayoría de Michelle Bachelet.

–Chile se ha mantenido, tanto con Piñera como con Bachelet, dentro del bloque de gobiernos conservadores y aliados a EE UU, siendo punta de lanza de la Alianza del Pacífico. ¿Cómo sería la política exterior de un eventual gobierno del Frente Amplio?

–Es justamente una de las discusiones que estamos teniendo dentro del Frente. Mi opinión es que sería una política exterior que pondría su énfasis en la integración regional, latinoamericana, por sobre un énfasis en Europa o en Asia-Pacífico. Chile ha estado fuera del circuito de los gobiernos de izquierda o nacionales-populares de la década dorada de Latinoamérica y creo que el país debería volcar sus relaciones hacía allí. La tendencia mundial es precisamente esa, la articulación continental más que nacional. Eso pasa hoy en Europa, distintas fuerzas se disputan el continente: la Europa de (Angela) Merkel o la Europa de los movimientos del sur. Chile tiene deudas con sus vecinos, particularmente con Bolivia pero también con otros, y eso ha terminado poniendo al país en un plano más de aislamiento que de integración.

–Y en cuanto al eje bolivariano, ¿se podría pensar en un mayor acercamiento a los países del ALBA? Y de la mano de esto, ¿cómo analiza la situación en Venezuela?

–El ALBA jugó un rol muy importante como un contrapoder internacional a la influencia estadounidense a través de la OEA, el aporte del ALBA fue clave para poder articular una voz no subordinada a los intereses del Norte. En materia de integración con los países vecinos, Chile todavía tiene mucho por avanzar. Con Bolivia tenemos que realizar una integración mucho más estrecha. La economía chilena tiene el dilema de cómo sigue creciendo, y para eso debemos diversificar nuestras matrices energéticas. Chile hoy requiere más energía para poder crecer y Bolivia es una mina de oro para cualquier economía por su riqueza en hidrocarburos. Una integración debe poner énfasis en eso. El proceso de la Revolución Ciudadana en Ecuador es muy interesante en muchos aspectos porque ha permitido modernizar el país. Chile tiene mucho que aprender de estas experiencias. El acercamiento a Venezuela tiene que ser puesto en una mirada más larga y no una mirada solo concentrada en lo que ocurre hoy. Nadie puede negar que Venezuela atraviesa una crisis económica y social brutal, pero el proceso venezolano no se puede definir solo por el momento actual. El aporte que hizo a Latinoamérica y a la inclusión de amplios sectores sociales que estaban excluidos es incuestionable, y el que lo niega solo está viendo lo que ocurre con ojos interesados.

–¿Qué postura tienen sobre el reclamo boliviano de una salida soberana al mar?

–Pienso que hay que hacer un acuerdo multinacional que permita articular a Chile, Bolivia y Perú en un acuerdo de hermanamiento integral de pueblos latinoamericanos. En ese sentido, soy de la idea de que Chile debería dar una ayuda mucho más clara en materia marítima para Bolivia. Es justo y legítimo el reclamo boliviano. Nuestros países tienen mucho más que aprender de lo que nos une que de las diferencias. Bolivia cuenta con una riqueza gigante que es fundamental para cualquier economía del mundo, es posible articular un gran emprendimiento histórico entre nuestros pueblos que nos permita superar el pasado y mirar al presente.

–Volviendo al escenario local, ¿qué expectativas tiene el Frente Amplio para las elecciones de noviembre?

–Debemos tomarnos estas elecciones con calma. El Frente Amplio debe mirar los años que vienen y constituirse como una fuerza política madura y una propuesta de transformación clara, pero eso va a tomar tiempo. Las primarias fueron el primer paso. Creo que es posible tener un buen resultado parlamentario y naturalmente hay que ir a pelear la presidencial, pero también bajando la ansiedad. La derecha demostró en las primarias una determinación muy grande para volver al gobierno, tuvo una buena convocatoria y es un llamado de alerta para nosotros y para aquellos que se sientan convocados a nuestras ideas de izquierda y de cambio. Estamos recién partiendo y ninguna fuerza en la historia en cualquier país se constituyó de la noche a la mañana. Los procesos de llegada de los gobiernos progresistas o de izquierda en América Latina se dieron luego de un largo proceso. Evo Morales llegó a la presidencia de Bolivia tras muchos años de lucha social, lo mismo en Venezuela, en Brasil con Lula, en Ecuador o con el Frente Amplio en Uruguay. Creo que tenemos fuerza para ser una alternativa de gobierno que busque cambiar el modelo neoliberal, aunque todavía nos falta mucho trecho por recorrer. Hay que generar las mayorías sociales y políticas para poder hacerlo y creo que estamos en el camino correcto.