jueves, 16 de noviembre de 2017

Congreso antifascista

*Xesús Alonso Montero.- Hai tempo que figura nos anais da Historia, con letras de ouro, o II Congreso Internacional de Escritores para a Defensa da Cultura, celebrado, en xullo de 1937, na cidade de Valencia, daquela capital da República. É o Congreso que, en moitas publicacións, se denomina Congreso Internacional dos Escritores Antifascistas, denominación ben acaída para todos aqueles que entendan que en Valencia déronse cita escritores de vinte e dous países moi conscientes de que, naquel escenario, España, o fascismo libraba a súa primeira gran batalla europea tamén contra a causa da cultura. Asistiron nomes moi preclaros e moi comprometidos, entre eles, Antonio Machado, André Malraux, Julien Benda, Octavio Paz, César Vallejo, Pablo Neruda, María Teresa León, Nicolás Guillén, Ilia Ehrenburg, Rafael Alberti, Rafael Dieste, Mikhail Kolstov, Alejo Carpentier, V. H. Auden e José Bergamín, nome fundamental na organización.
No acto inaugural leuse un telegrama da Unión de Escritores Soviéticos no que manifestaban que eles, «como o pobo enteiro da URSS, inclinan as súas bandeiras ante os despoxos mortais de García Lorca».
Nunha das sesións, o escritor alemán Gustav Regler, que estaba ferido, aclarou que «mentres exista un só fascista, eu non deixarei de ser español…». Agora, oitenta anos despois, Valencia acolle a trinta estudosos, algúns de centros universitarios ou de investigación doutros países (París, Moscova, Liège, México, La Habana…). Inaugurará o Congreso, o 20 de novembro, Ximo Puig, Presidente da Generalitat Valenciana, e pronunciará a conferencia inaugural o profesor José-Carlos Mainer, que será presentado por Manuel Aznar Soler, catedrático de Literatura Española na Universidade Autónoma de Barcelona. O profesor Aznar Soler, máxima autoridade mundial nos estudos sobre o exilio literario español, é ben coñecido entre nós polos seus traballos sobre Rafael Dieste, María Casares, Isaac Díaz Pardo… O título da miña disertación apunta a un vello enigma da historiografía literaria galega sobre o cal aínda non hai documentación que nos permita unha resposta precisa: «Castelao, uno de los grandes artistas y escritores antifascistas, ¿por qué, residiendo en Valencia, no asiste al Congreso?».
Tamén é un enigma por que os asistentes galegos (Dieste, Arturo Souto, Lorenzo Varela) non constituíron un grupo cultural con voz galega, como o fixeron, por unha banda, os escritores cataláns, e por outra, os valencianos.

Autor: *Xesús Alonso Montero (Vigo 1938) Catedrático de Literatura na Universidade de Santiago de Compostela e membro da Real Academia Galega, é filólogo, tradutor, conferenciante e autor de numerosos libros, estudos e traballos. Tamén é director do Centro de Estudios Rosalinianos e da Revista de Estudios Rosalinianos.

La URSS y la nostalgia. Por Carlos Ávila Villamar

Por Carlos Ávila Villamar.- Se ha hablado mucho de lo atroz que resulta dejar de existir. Siempre hay una extrañeza ante la idea de que el mundo pueda seguir tras nuestra muerte. Sin embargo, es igual de atroz pensar en el nacimiento de un ser humano. Si nos dicen que imaginemos nuestra casa hace cien años, o el terreno que ocupaba nuestra casa, podemos hacerlo. Pero ¿qué pasa si nos piden que imaginemos nuestra casa días, minutos antes de que viniéramos al mundo? Pensar en la sala y en los sillones que nos desconocían, en la lluvia y en la tierra húmeda que por una diferencia de días o de minutos son ajenos a nuestra vida. Algunos acontecimientos quedan tan separados en nuestra imaginación, que el revisar fechas solo nos devuelve una realidad enrarecida, casi inverosímil. Pienso en los cortísimos cinco años que transcurrieron desde la muerte de Napoleón hasta la invención de la fotografía. Con todo esto quiero explicar, de algún modo, por qué es tan difícil para mí concebir el que apenas cuatro años me separen de la existencia de la Unión Soviética como país.
Eso significa que en el momento en el que nací todavía existían objetos cotidianos soviéticos. No hablo de artículos más sólidos, como televisores o automóviles (que los soviéticos fabricaban para toda una vida), sino de aquellos que habrían de reponerse pronto, cajas de fósforo, o tal vez un pomo de vidrio todavía con la etiqueta puesta, usado para almacenar sal. Tal vez alguna ropa agujereada que con el tiempo se cogió para dormir. Dada la rapidez con la que se intentó borrar el recuerdo de la Unión Soviética en el mundo, aquella breve supervivencia de una blusa o un cabo de lápiz constituyó un pequeño milagro. Me figuro un niño cubano que dibuja con un lápiz de color hecho en la Unión Soviética, tarde o temprano va a crecer y aquel residuo va a borrarse para siempre de su memoria. Rusia existe en nuestros días, pero tal vez en cien años comparar Rusia con la Unión Soviética sea como comparar Italia con el Imperio Romano.
Basta pensar en las hidroeléctricas, los complejos industriales tan comúnmente representados en los sellos, la arquitectura brutalista, las heroicas aventuras espaciales (a Estados Unidos no le interesó conquistar el espacio antes de que alguien más quisiera conquistarlo, y la verdad tampoco le ha interesado después): me es difícil imaginar un destino más ambicioso que aquel trazado por los pueblos soviéticos. Sabían que tanto el éxito como el fracaso habrían de marcarlos por igual para la eternidad, puesto que difícilmente aparecería una meta de semejante magnificencia que, de ocurrir lo peor, pudiese sucederla. En efecto, hoy Rusia es un gigante cuya alma se refugia en un sustituto menor, el nacionalismo, tan común en el resto de los países. Recuerda con nostalgia, quizás, los pasajes equivocados del socialismo (dígase el gobierno estalinista, que lentamente vuelve a ser motivo de admiración entre los rusos). Los rusos hoy admiran de la Unión Soviética el poder y la fuerza, virtudes bastante pobres comparadas con muchas otras promovidas por el socialismo, muestra tristísima del cambio radical en el pensamiento colectivo. Admiran hoy, si lo pensamos bien, solo lo que admiraban sus rivales estadounidenses.
Para muchos países europeos, la Unión Soviética significaba la intromisión de un poder externo y rígido, no solicitado, y no sorprendió a nadie que en ellos se intentara borrar su memoria lo más pronto posible. Para nuestro país, en cambio, significó la prosperidad. Los cubanos que recuerdan los años ochenta asocian la Unión Soviética a la posibilidad (entonces visible a mediano plazo) de un socialismo global. Y esto es importante. Como los individuos, los pueblos van de proyecto en proyecto, en una búsqueda interminable de propósito. Tras la desintegración, el enfoque del proyecto cubano tuvo que cambiar a la idea del bastión inquebrantable, la pujanza fue reemplazada por la resistencia, convertir la nueva desventaja (el desamparo geopolítico) en virtud (la orgullosa excepcionalidad de nuestro proyecto). Es más o menos el enfoque que se mantiene hoy, aunque durante el reciente auge de los gobiernos de izquierda en América Latina se matizara la excepcionalidad socialista con la idea de la integración regional, una integración que no implicaba al socialismo en sí, sino al otro gran pilar ideológico cubano, el antiimperialismo. De cualquier modo, la Unión Soviética ha quedado atrás y contrario a la opinión que hay de Cuba en muchos países, pensamos en ella pocas veces al día.
En resumidas cuentas, quiero decir que una soledad extraña me invade cada vez que pienso que ya han pasado cien años desde la Revolución de Octubre, una absurda sensación de culpa y añoranza. Yo no viví en la Unión Soviética y de haber nacido y vivido allá probablemente no me hubiera gustado, pero el alma humana es compleja. De algún modo su proyecto se impregnó culturalmente en Cuba: no solo a través de una generación de niños llamados Boris o Vladimir, sino porque aquel recuerdo remoto (no dudo que idealizado, por razones ya dichas) constituye un amuleto. Una de las cosas maravillosas de la Unión Soviética es que aunque su ideología era occidental, su base yacía en un conjunto de pueblos no occidentales, un tanto misteriosos tras siglos de aislamiento. Sobre un mapa inexplorado se construyó todo. Los soviéticos pasaban por calles, túneles y puentes construidos dentro del propio socialismo, casi todo lo que veían, de hecho, provenía del socialismo, o de lo contrario de una tradición por completo alejada de lo occidental. Eso significa que era muy fácil visualizar, a través de ella, un futuro distinto a lo ya conocido. Nuestro país ha tenido que enfrentarse al recuerdo del capitalismo, impregnado hasta en la arquitectura, pero siempre quedará el recuerdo cultural de la Unión Soviética para compensarlo. Desde su caída no ha emergido un proyecto que se le compare, y hasta que eso suceda, nos queda la recompensa que solo hay en lo distante, es decir, lo que ya no puede volver a caer ni corromperse, nos queda el mito, la muy subvalorada nostalgia.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

Lo que enseñan Puerto Rico y España a Cuba y Venezuela (+ video). Por José Manzaneda

A #allFREEdom, preso de conciencia en la cárcel de Basauri (1) 
En Septiembre, devastadores huracanes azotaban Cuba (2) y Puerto Rico (3). 20 días después del impacto, Cuba había restituido el 99 % de su sistema eléctrico (4). Por el contrario, un mes más tarde, el 80 % de la población de Puerto Rico seguía sin luz. Las autoridades prevén llegar al 50% del suministro dos meses después del huracán (5). Es una incómoda comparación que no leeremos –por supuesto- en la prensa corporativa (6).
En España, ningún juzgado ha encausado por “enaltecimiento del terrorismo” al portavoz del Partido Popular Pablo Casado (7): amenazó a Carles Puigdemont, president de la Generalitat catalana, con acabar como su antecesor Lluis Companys, fusilado por la dictadura de Franco (8). La prensa española ayudaba a Casado a “maquillar” sus amenazas: “El PP avisa a Puigdemont que puede acabar encarceladocomo Companys”, leíamos en titulares, casi idénticos, de El Mundo (9), El País (10) y ABC (11). Mientras, ninguno de estos diarios informaba de la entrada en prisión de Alfredo Remirez (12), uno de los 76 tuiteros encausados en la llamada “Operación Araña” (13). Su delito: haber copiado en Twitter la frase de una canción del grupo “Los Chikos del Maíz” (14), que alude al torturador y criminal de estado Enrique Rodríguez Galindo (15); y haber denunciado, mediante un muñeco, la política de dispersión de presos vascos (16). Pero quien “censura” las redes sociales –nos dicen- es el gobierno de Venezuela (17).
La sección digital “Planeta futuro” de “El País” publicaba un fotorreportaje sobre “asentamientos precarios” en República Dominicana (18). Leemos en él que miles de familias viven junto a aguas contaminadas y sus menores con discapacidad no tienen acceso a “medicación, pañales o sillas de ruedas”. Una miseria aséptica, sin relación –para “El País”- con el modelo económico vigente. Curioso, porque en este diario leemos decenas de artículos sobre el supuesto “fracaso” del modelo económico de Cuba (19), responsable –allí sí- del problema de la vivienda. Aunque la población cubana, incluso la que no tiene una vivienda adecuada, cuente con garantías de servicios básicos, atención de salud o protección a personas discapacitadas (20). El reportaje nos hablaba, además, de jóvenes dominicanos que sueñan “con emigrar”. No son –al parecer- como los de Cuba, que lo que quieren –leemos también en “El País”- no es emigrar, sino “huir” (21).
Los llamados “papeles del paraíso” implican a 127 figuras de la política, el mundo empresarial o del espectáculo con los paraísos fiscales (22). Eso sí: no veremos editorial ni artículo alguno que explique la relación de los paraísos fiscales con los intereses de poderosos gobiernos occidentales (23). Pero ¿se imaginan cómo cambiaría el “tono informativo” si en dicha lista aparecieran miembros del gobierno de Cuba o Venezuela?
Los medios españoles nos hablan de “persecución política” contra el opositor Freddy Guevara (24), que va a ser juzgado en Venezuela por organizar los actos violentos que causaron casi 150 muertes en aquel país (25). A la vez, jalean entusiastas el encarcelamiento en Catalunya (26), por “rebelión” y “sedición”, de un gobierno electo al completo (27) y de activistas absolutamente pacíficos (28).
Así nos seguirá instruyendo sobre democracia y libertad la prensa española… mientras se lo sigamos permitiendo. 
*José Manzaneda, coordinador de Cubainformación.
Fuente: La pupila insomne

martes, 14 de noviembre de 2017

¿Trump, por el camino de W. Bush?

Por Omar Pérez Salomón.-  El pasado 8 de noviembre el gobierno estadounidense anunció mayores restricciones para los ciudadanos de ese país interesados en hacer negocios y viajar a Cuba, en cumplimiento del memorando presidencial firmado el 16 de junio del presente año en Miami por el actual inquilino de la Casa Blanca, que suprime de forma unilateral la mayoría de los avances alcanzados durante el mandato de su antecesor Barack Obama.
Como prometió en su campaña presidencial, Trump está aplicando una nueva política hacia Cuba.  Me recuerda el llamado Plan Bush, presentado en el 2004 por el presidente estadounidense George W. Bush. Como en aquel momento, las actuales medidas demuestran el delirio anexionista del imperio y su objetivo de poner fin a la nación cubana, arrancarnos la patria y la obra que hemos edificado en medio de las mayores dificultades creadas por la agresión yanqui. 
La Administración de W. Bush se caracterizó por una especial agresividad contra Cuba. El 2 de mayo de 2002 en reunión con la mafia terrorista de Miami el jefe del imperio exigió a Cuba una nueva Constitución en la que se renunciara al carácter socialista de la Revolución. Vale recordar que entre los presentes en aquel acto estaba Orlando Bosch Ávila, uno de los responsables de la destrucción en pleno vuelo de un avión cubano cuyos pasajeros murieron todos, minutos después del despegue de la nave en Barbados el 6 de octubre de 1976.
Las nuevas generaciones de cubanos deben conocer que la respuesta de Cuba a la exigencia imperial fueron las enormes manifestaciones del pueblo a lo largo de todo el país apoyando un proyecto de modificación constitucional, aprobado finalmente por el voto unánime de la Asamblea Nacional del Poder Popular el 26 de junio del 2002, determinando que el carácter socialista y el sistema político y social contenidos en la Constitución son irrevocables.
Bajo la presión constante de la mafia de Miami el gobierno de W. Bush no cesó de adoptar medidas brutales y llenas de odio para desestabilizar, golpear y destruir a la Revolución Cubana. Nuevos mecanismos entre las agencias del gobierno de Estados Unidos para perfeccionar la implementación de las regulaciones del bloqueo y la adopción de sanciones contra los violadores fueron aplicados; mayor persecución contra las operaciones comerciales cubanas a través de otras compañías y contra las transacciones financieras de Cuba; a cientos de miles de cubanos residentes en los Estados Unidos se les prohibió visitar a sus familiares en Cuba, autorizando hacerlo sólo cada tres años; la ayuda familiar fue reducida casi a cero; se incumplieron acuerdos sobre la emigración ilegal; se rechazaron propuestas de cooperación en temas vitales como la lucha contra el tráfico de drogas y de personas y para obstaculizar e impedir acciones terroristas, constituyeron sólo una pequeña muestra del conjunto de agresiones de este gobierno contra nuestro país.
También se multiplicaron las campañas de propaganda, las falsedades y embustes contra la Revolución Cubana; se calificó a Cuba de país terrorista; se inventaron descabelladas mentiras sobre la fabricación de armas biológicas y de planes de guerra electrónica con el propósito de interferir las comunicaciones del gobierno de Estados Unidos, con el objetivo de buscar pretextos que justificaran nuevas medidas anticubanas.
En solo diez meses desde su llegada a la Casa Blanca, el gobierno de Donald Trump de la mano de sectores anticubanos de Miami se ha encargado de elaborar y poner en práctica un macabro proyecto, que entre otras acciones prohíbe las transacciones de compañías norteamericanas con entidades cubanas supuestamente vinculadas con los órganos de la defensa, elimina viajes individuales bajo la categoría de intercambios pueblo a pueblo, aplica mediante una vigilancia reforzada la prohibición de viajes a Cuba fuera del marco de las doce categorías autorizadas por la ley estadounidense, amplía la lista de funcionarios del gobierno y de ciudadanos cubanos que no pueden recibir visas y remesas y retira gran parte del personal diplomático estadounidense en Cuba alegando ser víctimas de “ataques sónicos”, algo realmente inverosímil en pleno siglo XXI. Adicionalmente disminuyó el personal diplomático cubano en Estados Unidos que ha afectado considerablemente las gestiones consulares en ese país.
La perversa decisión del gobierno yanqui de procesar las visas de emigrantes para los cubanos en Colombia es una maniobra que persigue crear inestabilidad interna en la isla, presentar al gobierno de Cuba como culpable de los obstáculos y demoras que deberán enfrentar las familias cubanas para su reunificación, trasladar la imagen de un EE.UU. preocupado por cumplir sus compromisos internacionales y en última instancia provocar un éxodo masivo. Pero el solo hecho que el Departamento de Estado haya utilizado un sitio tan desprestigiado como Martí Noticias para dar a conocer la misma dice mucho de su malévola intención.
Como en la época de W. Bush, tan aberrado pensamiento prevalece en la extrema derecha estadounidense. Frente a ello, la ecuanimidad y sangre fría de la Revolución echará por tierra estas burdas maniobras, porque Cuba continuará cometiendo el pecado de existir. 

jueves, 9 de noviembre de 2017

La desunión de las izquierdas: una de las mayores causas de la gran crisis social

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 8 de noviembre de 2017.

El artículo hace un análisis de la evolución de los distintos partidos de izquierdas, y de cómo el tema nacional ha puesto en un segundo plano el tema social, generando divisiones dentro de las izquierdas, en gran parte responsables de la enormidad de la crisis social.

La desunión de las izquierdas es uno de los mayores problemas políticos que tienen Catalunya y España. Y es en parte responsable de la continuación de la enorme crisis social que existe a lo largo del territorio español. En realidad no parece haber plena conciencia en amplios círculos políticos y mediáticos españoles (incluyendo catalanes) de la profundidad de tal crisis que se presenta a los dos lados del Ebro. Indicador tras indicador muestran la enorme gravedad de una situación que está causando un gran deterioro del bienestar de la población y, muy en particular, de sus clases populares. Hoy, en España (incluyendo en Catalunya) casi la tercera parte de la población está en riesgo de pobreza y/o exclusión social; más de la mitad de la población que está en paro lo ha estado por más de un año; la tasa de suicidio ha aumentado considerablemente; el consumo de los antidepresivos se ha disparado; y así un largo etcétera.
Las causas de esta gran crisis son fáciles de ver. Todas ellas son resultado de la aplicación de políticas públicas neoliberales, tales como la reforma laboral (que ha forzado un aumento de la precariedad y del desempleo, y un descenso muy marcado de los salarios y de la protección social). Dichas políticas han incluido también intervenciones del Estado con un elevado incremento de los recortes de gasto público social, lo que ha reducido de una manera muy marcada el gasto en los servicios públicos del Estado del Bienestar, tales como educación, sanidad, servicios sociales, vivienda pública, escuelas de infancia (mal llamadas guarderías) y servicios domiciliarios para las persona con discapacidad. Este descenso del gasto público también ha repercutido negativamente en las transferencias públicas a las familias, en el seguro de desempleo, y en las pensiones de vejez y de viudedad, entre otros. En realidad, el Estado del bienestar se ha ido desmantelando y privatizando de una manera muy marcada, afectando negativamente la calidad de vida de las clases populares.
Quiénes han sido los responsables de esta gran crisis social
Estas políticas públicas han sido impuestas (digo impuestas, pues no estaban en sus programas electorales) por los gobiernos liderados por la derecha catalana ahora independentista, Convergència Democràtica (CDC) -en la actualidad Partit Demòcrata Català (PDeCAT)-, en Catalunya (que ha gobernado esta comunidad autónoma durante la mayor parte del período democrático en alianza con la desaparecida Unió Democrática -UDC- antes, y ahora con Esquerra Republicana -ERC-), y por la derecha nacionalista españolista, el Partido Popular (PP), en alianza con Ciudadanos (un partido incluso más neoliberal y más nacionalista españolista que el PP) en España. Ambos partidos políticos, PDeCAT y PP, adversarios en el tema nacional, han sido aliados en los temas económicos y sociales, aplicando políticas públicas neoliberales que han causado una gran polarización de las rentas, alcanzándose unos niveles de desigualdad en España (incluyendo Catalunya) nunca vistos antes en la época democrática, siendo de los más altos en la Unión Europea. Los datos son claros (ver mi artículo “El nuevo régimen social de España”, Público, 23.06.2017). El maridaje entre poder económico y financiero, por un lado, con poder político y mediático, por el otro (que ha generado también una cultura de corrupción extendida en ambos partidos, CDC y PP), ha generado una victoria del mundo de la gran empresa y de los sectores más pudientes de la población contra el mundo del trabajo, del cual la mayoría de la población deriva sus rentas. El porcentaje de las rentas derivadas del capital sobre la renta total ha aumentado enormemente durante la Gran Crisis Social a costa del gran descenso de las rentas derivadas del trabajo.
El rechazo a tales políticas: el 15M y las nuevas izquierdas
Ni que decir tiene que estas políticas crearon movimientos de rechazo, de los cuales el más importante fue el 15M (inspirado por las primaveras árabes), cuando la población salió a la calle, denunciado al establishment político del país por no representar los intereses de la ciudadanía. Su eslogan “no nos representan” se expandió por todo el territorio español, al hacerlo suyos grandes sectores de las clases populares. Era un movimiento profundamente democrático que denunciaba la falta de representatividad de las instituciones democráticas, a las cuales se las veía instrumentalizadas por entidades económicas y financieras, unidas en un entramado de complicidades y corrupción que dio pie a otro altamente popular eslogan “no hay pan para tanto chorizo” en España.
Este movimiento generó nuevos espacios y partidos de izquierdas (Podemos, En Comú, En Marea y otros) que, junto con una renovada Izquierda Unida, establecieron una alianza llamada Unidos Podemos (UP) y sus aliados, que en menos de cuatro años se ha convertido en el segundo partido de la oposición en España, gobernando ya en las mayores ciudades de España, como Barcelona, Madrid, Zaragoza, A Coruña, Santiago y Cádiz, entre otras. El reto de estas fuerzas era aliarse con el partido que dirigía la oposición, el PSOE, para poder generar un proyecto de cambio, lo cual no ha sido posible primordialmente debido a la oposición de la vieja guardia del aparato del PSOE (sus dirigentes y los barones regionales, liderados por Susana Díaz, que preside el gobierno andaluz), que consideró a Unidos Podemos como su mayor adversario político.
El apoyo del PSOE a las derechas
Tal “quinta columna” dentro del PSOE continua ejerciendo un enorme poder, de manera tal que cuando el candidato que venció en las últimas primarias de este partido, Pedro Sánchez (victoria debido a la rebelión de las bases de izquierdas de tal partido), declaró su intento de establecer una relación preferencial con Podemos -en respuesta a un deseo generalizado de tales bases del PSOE-, consiguieron que ello no ocurriera y que parezca improbable que ocurra. La quinta columna en el PSOE prefiere que continúe gobernando el PP a que el PSOE tenga que depender de una coalición con las nuevas izquierdas. Contribuye a esta situación de escasa colaboración el hecho de que el equipo económico del PSOE haya estado compuesto por economistas de clara orientación neoliberal (al menos antes de la reelección de Pedro Sánchez). En realidad, el PSOE fue el que inició las políticas neoliberales (reforma laboral regresiva y políticas de austeridad) durante el gobierno Zapatero.
Y una tercera causa de que no se estableciera la unidad de acción entre el PSOE y Podemos fue la cuestión nacional. El PSOE abandonó su compromiso con la plurinacionalidad de España (que tenía durante la lucha antifascista, en la clandestinidad) debido a las presiones del Ejército y del Monarca durante la transición, convirtiéndose en uno de los pilares del régimen monárquico, que se ha basado en el bipartidismo y la alternancia en el poder en base a unos principios inmutables, incluida la uninacionalidad. Es más, hoy tal partido, junto con el PP y Ciudadanos, se ha convertido en la pieza clave del régimen actual, imposibilitando el cambio tan urgente y necesario para resolver el tema social. El temor de su quinta columna a establecer una alianza con Podemos y su defensa a ultranza de la uninacionalidad implica su apoyo al PP, el cual debe su permanencia en el poder al apoyo del PSOE, habiendo su dirigente Pedro Sánchez abandonado las promesas que realizó en base a las cuales ganó su puesto de Secretario General en las primarias. El comportamiento de dicho partido es uno de los mayores causantes de que no se resuelva el enorme problema social. El tema nacional es hoy la mayor causa de que el PSOE no respete su compromiso adquirido en las primarias de desarrollar conjuntamente con UP un proyecto de cambio. La única esperanza es que las bases del PSOE (que son claramente de izquierdas) se rebelen de nuevo presionando para la aplicación de las promesas del nuevo Secretario General, y que gran parte de las bases y gran parte de los representantes del PSC (que están más a la izquierda que los del PSOE) fuercen cambios también en el PSC.
¿Por qué las izquierdas catalanas no se unen tampoco?
La mayor separación entre las izquierdas en Catalunya es también el tema nacional, dividiéndose entre los independentistas y los no independentistas. Las izquierdas independentistas (ERC y la CUP) han sido influyentes en las políticas públicas del gobierno catalán, el primero como parte de Junts pel Sí y el segundo, la CUP, como elemento esencial y necesario para que la coalición Junts pel Sí contara con mayoría en el Parlament. Ambos han sistemáticamente considerado alcanzar la independencia como su objetivo principal, pues consideran la independencia como condición sine qua non para resolver la Gran Crisis Social. Y para conseguirlo, ambos partidos de izquierdas se han aliado con la derecha catalana, CDC, que ha gobernado Catalunya durante la mayor parte del periodo democrático, y cuyas políticas públicas son, como he dicho en un párrafo anterior, responsables en gran parte de la Gran Crisis Social. En otro artículo he documentado este hecho (ver mi artículo “El mayor problema que tiene hoy Catalunya del cual no se habla: la crisis social”, Público, 30.06.2017).
Este bloque (PDeCAT, ERC y CUP) ha desarrollado el llamado “procés”, basado en unos supuestos que la realidad ha mostrado que son erróneos. En consecuencia Catalunya está viviendo uno de los peores momentos del periodo democrático desde 1978, ha perdido su autonomía y está intervenida por el Gobierno español, dirigido por el PP (que en Catalunya es un partido muy minoritario) desde Madrid. Y sus dirigentes están en el exilio o en prisión. La intervención del Estado central a través del 155 ha disminuido todavía más el gasto en protección social. Una de las primeras medidas del Gobierno Rajoy y de su ministro Montoro ha sido recortar todavía más el gasto público social de la Generalitat de Catalunya, dato que apenas ha salido en los medios de comunicación.
En esta situación, la mayor responsabilidad de la Gran Crisis Social recae en las políticas del Gobierno central (primero el PSOE y después el PP), pero no hay que minusvalorar la gran responsabilidad en el desarrollo de la Gran Crisis Social de CDC (ahora PDeCAT) y del gobierno Junts Pel Sí, liderado por PDeCAT y su presidente, el Sr. Puigdemont, pues podría predecirse (como ya predije) que cada uno de los pasos del “procés” que han ido ocurriendo llevaría a la situación actual. Su ingenuidad o torpeza ha causado la pérdida de libertades y el descenso del bienestar de las clases populares. Y su apoyo a la derecha catalana, que controla los aparatos (incluyendo los medios públicos de información) de la Generalitat, ha debilitado el Estado del bienestar, facilitando la falta de atención al déficit social de Catalunya, déficit que apenas aparece en sus medios. Hoy el tema nacional absorbe toda la atención mediática, a costa del tema social. Y como consecuencia la pobreza, la inseguridad y la polarización social han ido aumentando. Y continuarán aumentando a no ser que la dirección y línea política de tales izquierdas independentistas cambie.
Las izquierdas catalanas no independentistas
En este grupo caben dos grandes espacios. Uno es el socialista, representado por el PSC, que históricamente ha estado más a la izquierda (y por lo tanto ha sido más sensible al tema social) que el PSOE. Ahora bien, como también ocurrió con el PSOE, su dimensión social (responsable del establecimiento del Estado del bienestar en España y en Catalunya) quedó diluida en su respuesta a la crisis económica, cuando adoptó el neoliberalismo a través de su aceptación de la Tercera Vía. Todavía hoy no ha desarrollado una alternativa a las políticas neoliberales. Y su apoyo al PSOE y a sus políticas de alianza en el Estado español está dificultando la solución del problema social. La gran esperanza que se había creado con la elección de Pedro Sánchez, con el apoyo del PSC, para sacar a Rajoy del gobierno, se ha diluido hasta casi desaparecer. La dirección del PSC se ha aliado con la del PSOE, reproduciendo las mismas propuestas que son muy insuficientes para resolver el problema social (y nacional) del país. Dicha situación está creando incomodidad entre amplios sectores del PSC, con tensiones internas cuya resolución tiene claras implicaciones para facilitar o dificultar una alianza con el segundo gran espacio de la izquierda no independentista, las nuevas izquierdas.
Las nuevas izquierdas
El tsunami político creado por las nuevas formaciones de izquierdas en España ocurrió también en Catalunya. Un partido inexistente hace solo 3 años, Barcelona en Comú, gobierna hoy Barcelona, y tal fuerza ha sido un motor, junto con Podemos a nivel del Estado, y de Podem, su sección catalana, para incentivar en Catalunya la alianza de las izquierdas que están situadas a la izquierda del PSC. Esta alianza de En Comu Podem ha incluido también a ICV y EUiA, creando un espacio que representa la única alianza que conjuga dos características que la hacen única en Catalunya. Una es su enfrentamiento de oposición a las políticas neoliberales llevadas a cabo por los gobiernos españoles y catalanes. Su oposición a tales políticas, con la aplicación en el municipio de Barcelona de políticas alternativas al neoliberalismo, sensibles a las necesidades populares, ha caracterizado este nuevo espacio político.
Y la otra característica ha sido su rechazo al uninacionalismo del Estado español y la demanda de reconocimiento y construcción de un Estado plurinacional que permita el desarrollo del derecho decidir en Catalunya y otras partes de España, consecuencia de un deseo de cambio y profundización democrática en Catalunya y en España. No hay ninguna fuerza política en Catalunya que una su anti-neoliberalismo con un compromiso con la plurinacionalidad, plurinacionalidad deseada tanto en España como en Catalunya, en un espacio catalán y español, aliado con formaciones hermanas a lo largo de todo el territorio español. Un supuesto de tal espacio político es que el necesario cambio en Catalunya será enormemente facilitado por un cambio, igualmente profundo, en el Estado español.
La necesidad de cambio en Podem
Este espacio político, En Comú Podem, ha ganado las elecciones legislativas dos veces en Catalunya. Ahora bien, aparecieron tensiones fuertes en la sección catalana de Podemos, bajo la dirección de Albano Dante, el cual, aun cuando había firmado un acuerdo con En Comú para integrarse en el nuevo espacio de Catalunya en Comú (que incluía también a ICV, EUiA y BenC), decidió junto a su dirección no aplicar dicho acuerdo y separarse, acercándose (en la práctica cada vez más) a la izquierda independentista en su política de alianzas. Aunque esta alianza fue negada por la dirección, en realidad existía, y una prueba de ello es que los medios de información controlados por el Gobierno independentista catalán ofrecieron a la dirección de Podem todo tipo de fórums y plataformas para atacar y criticar a las otras izquierdas no independentistas, y muy en especial a Catalunya en Comú. Las tribunas ofrecidas a Podem (que últimamente incluso criticó con malicia a Podemos y a su Secretario General, Pablo Iglesias) por la derecha fueron ampliamente utilizadas por la dirección de Podem.
Ello ha creado una rebelión de amplios sectores de Podem que no estaban de acuerdo ni con la línea política de Albano Dante ni con su estilo de gestión, la cual originó, por un lado, un éxodo considerable de militantes a otras opciones políticas y, por el otro, la presión para que se hiciera un referéndum sobre el tipo de alianzas. El resultado abrumador (72% a favor) con una cifra de participación récord (17.000 inscritos) ha mostrado que en las bases de tal partido en Catalunya hay un deseo claro y contundente de recuperar el proyecto inicial de alianza con En Comú y su relación con Podemos, pasos necesarios para poder establecer de nuevo En Comú Podem, cosa que abra toda una serie de oportunidades, incluyendo el poner el olvidado tema social en el centro de la próxima campaña electoral del 21 de diciembre.
Una última observación: error de la mal llamada vía revolucionaria
La justificación de la línea política de la dirección de Podem era el de favorecer el desarrollo de una situación prerrevolucionaria, postura también sostenida por la corriente política conocida como los anticapitalistas y por la CUP. En esta estrategia, la línea a seguir era alcanzar una insurrección que pudiera expandirse a lo largo del territorio catalán que forzara al Estado español a la aceptación de la independencia de Catalunya. Es más, se asumía que esta insurrección podría expandirse a España, generando un cambio también en aquel país que pudiera conducir a un cambio revolucionario.
Esta estrategia, sin embargo, está basada en una serie de supuestos que son altamente cuestionables, siendo el mayor el asumir que la correlación de fuerzas es favorable a los insurrectos. Tal supuesto implica una enorme ingenuidad o irrealismo, producto de desconocer el enorme poder del Estado. En realidad, lo ocurrido en estas semanas ha mostrado el enorme fracaso de dicha estrategia. Hoy Catalunya ha perdido toda su autonomía, la crisis social ha continuado profundizándose, las derechas reaccionarias están enormemente movilizadas, y más fuertes que nunca en el periodo democrático. Intentar generar un proceso revolucionario en la situación actual es un error enorme, que como ha ocurrido en otros momentos históricos en nuestro país y en otros países ha conducido a auténticos desastres, tal como ha pasado ahora en Catalunya y en España.
Nunca antes durante el periodo democrático habíamos visto a las derechas tan envalentonadas. Esta estrategia ha creado una situación tal que la bandera borbónica ha pasado a ser la española, incluso a nivel popular. En el resto de España, una vez más se ha confirmado que no es revolucionario el que se define a sí mismo como tal, sino aquel que crea las condiciones para realizar un cambio profundo. Y lo ocurrido es precisamente lo opuesto. Hoy, las clases populares de Catalunya y del resto de España están sufriendo, y ello en parte debido al gran reforzamiento de las derechas resultado de las políticas del “procés” y de la división de las izquierdas. Hoy, el tema nacional ha ganado al tema social, las derechas han ganado a las izquierdas y la gran crisis social continua profundizándose. ¿Que no se dan cuenta?

sábado, 4 de noviembre de 2017

¿Ajiaco made in USA?

Por Carlos Luque Zayas Bazán

Según el siguiente razonamiento, referido y limitado al acto deliberativo de masas durante la discusión de los Lineamientos pero extendido al debate actual: a) Si algunos ciudadanos hacen propuestas en relación de no impedir o permitir la concentración de riqueza en manos privadas, en “abierta contradicción con la esencia del socialismo”, y b) si el poder político no impugnó, no se manifestó en contra de, la legitimidad política de los ciudadanos que tienen esa opinión, de allí seguiría que, c) los ciudadanos pueden ejercer y ejercieron su legitimidad política para emitir propuestas contrarias al socialismo, con la aceptación del poder político.

Las premisas de esta argumentación hablan muy positivamente de la capacidad y libertad de expresión que se ejerció en aquel proceso, y también del carácter democrático, propio, cubano, específico de nuestro sistema, ese que tanto le cuestionan. La inferencia, aunque expresada con circunloquios, es la que amerita algunas precisiones.
¿Existe una “línea roja” respecto a la legitimidad política de los actores que hacen propuestas de cambio en Cuba?
Mi opinión es que, en efecto, existe. Y no es privativa de Cuba, sino universalmente aplicable e incluso punible: quien pretenda legitimidad política para hacer propuestas de cambios a un sistema legítimamente establecido – cambios políticos o económicos, o de cualquier otra índole, - si transgrede el principio moral, y también legal, – existente en todo ordenamiento político de no rechazar para la consecución de esos cambios cualquier tipo de asociación o vínculo directo o indirecto con entidades extranjeras y enemigas de las que se pueda probar o tener la certeza razonable, basada en hechos pasados y presentes, de que esas entidades o sus representantes, por sus acciones y concepciones políticas e intereses se oponen, quieren modificar o subvertir al orden político con respecto al cual se aspire la legitimidad de la intervención política, inmediatamente pierde esa condición.
La legitimidad política en uso de la cual, en sus centros de trabajos, organizaciones sociales o de masas, en sus comunidades, o en cualquier otra entidad, los cubanos han propuesto cambios, o modificaciones, o añadidos a los principios y lineamientos de la actualización en curso, ha sido ejercida sin transgredir aquel principio básico, incluso si han hecho una propuesta que exceda los límites que debe tener la probable acumulación de riqueza privada, o con respecto a cualquier otro tema en discusión.
Se pudiera admitir como hipótesis que uno o varios de esos cubanos que abogaron por la concentración de la riqueza privada en el examen de los Lineamientos, lo hiciera desde el presupuesto personal de que el sistema capitalista es preferible para Cuba, y no simplemente que se debe tolerar una determinada concentración de la riqueza privada. Pero si ese cubano no tiene una relación orgánica, logística u organizacional, no depende ni utiliza para posicionar públicamente su criterio el trampolín de una entidad extranjera, gubernamental, pública o privada, o, por cierto, “colindante” con ellas, y desde la cual pretenda y pueda hacer amplio proselitismo político por su idea, el uso de la legitimidad política que haría ese cubano en su acto de proponer, refutar, enriquecer, o complementar, lo estaría ejerciendo en coherencia con el ordenamiento político y moral que le reconoce el derecho a ejercer su criterio y hacer su propuesta. No se trata de que haga una propuesta determinada lo que le podría negar su legitimidad para hacerlo. Se trata desde dónde lo hace y con qué objetivo lo hace.
La intuición también existe en política. Cualquier cubano sabe o simplemente intuye y apoya el criterio de que la discusión popular de las políticas gubernamentales tienen como propósito contribuir a continuar el proyecto socialista, no a destruirlo. Sabe que hay compañías que son malas compañías. Y destruirlo es el objetivo del capitalismo mediante todas las vías posibles, las cruentas y las incruentas. Y entre las incruentas están las más o menos sutiles, la guerra cultural, la psicológica, la ideológica, pero también el uso de las academias aparentemente neutrales, los centros aparentemente independientes, el pensamiento aparentemente autónomo. Por ejemplo: La aceptación tácita de la participación en un evento para un proyecto de Constitución cubana con financiamiento del gobierno de Estados Unidos y una entidad perteneciente a la terrorista Fundación Cubano Americana aunque se pretenda escudar sobre un manto académico termina cualquier legitimidad en un debate.
La línea roja en el ejercicio de la política en Cuba es la que se pone a prueba cuando los cubanos, al proponer en cada barrio a sus representantes, no aceptan con su voto mayoritario, por ejemplo, que otro ciudadano, francamente relacionado con un poder extranjero, de cualquiera de las maneras que existen para ello, sea elegido.
La conclusión del razonamiento inicial evocado en esta nota es forzada, porque las premisas no consideran, precisamente la “zona” donde adquiere legitimidad la participación política en Cuba. Que está definida, entre otras, por la convicción de que cualquier tipo de asociación, relación, dependencia, o vínculo de cualquier tipo con un poder extranjero enemigo, sus entidades o sus representantes, se sitúa, automáticamente, "fuera de zona." La pasada semana Pascual Serrano nos recordó una lección que, aunque bien aprendida, se debe estudiar continuamente: ¿quién es el que paga? He allí la cuestión.
Nota final necesaria:
Ya daba por concluido el texto anterior, cuando hoy en la mañana leí el que parece el más reciente artículo del Sr. académico Pedro Monreal, titulado El “oro de Soros”, el “ajiaco conspirativo” y el debate en Cuba. El asesor catedrático evidentemente aquí se ha descompuesto y por momentos parece abandonar y rebajar su habitual y sereno tono académico a la debilidad de la ofensa. La confianza en la solidez de los argumentos evita, no necesita, acudir al lenguaje ofensivo directamente personal de que hace gala el estudioso en esta especie de última ratio de la impotencia argumentativa.
En efecto, para cualquier lector medianamente informado, las consideraciones que hace el Sr. Monreal del papel que juega Soros en el mundo académico, financiero y político hacen, cuanto menos, sonreír. Como suele suceder, su argumentación, salpicada además ahora de términos ofensivos dirigidos a su contradictor (mentiras, bajeza moral, sordidez ética, étc.) ha sido el reconocimiento más evidente de que resulta imposible explicar y justificar esa "colindancia" de su proyecto. (para emplear un término del mismo Monreal que le señala "colindancia oficial" a este escriba.) Por lo tanto, me ahorro aquí tratar el tema de las relaciones de la entidad que el académico asesora con la Open Society, y que el Sr. Monreal se ha limitado a presentar con un binarismo muy curioso: tenemos a un Soros bueno, a un Soros malo, y una amplia gama de Soros-grises donde con tanta holgura se acomodan ciertas academias y la gente de pensamiento que el filántropo millonario atrae a su órbita aceptando, por esa "complejidad" que no tenemos en cuenta los pobres ignorantes de este mundo, que algunas iniciativas hagan daño, y otras, beneficios.
No es mi propósito devolver ofensa con ofensa. En verdad no lo necesito. La desigualdad de saberes no me rebaja a la impotencia de la injuria personal. Creo que el Sr. Monreal está honestamente convencido de la cosmovisión que guía su obra, por lo tanto no le supongo a priori una intención aviesa, ni un cálculo frío. Toda postura ideológica tiene un basamento filosófico. Los resultados que de una cosmovisión se derivan, pueden resultar tendenciosos, unilaterales, sesgados, pero un pensador, intelectual o investigador convencido de sus ideas, que no las trafique, prostituya, o adapte a circunstancias cambiantes con objetivos de medro, no es moralmente repudiable. Pero dicho esto debo declarar, sin ningún ánimo de ofensa personal, sino dirigido precisamente al plano de las ideas, que me resulta muy sorprendente que el Sr. Moreal califique meramente a George Soros y la Fundación Open Society como "controversiales" cuando muchas de las consecuencias de su actividad han sido francamente criminales.
No es posible extenderme aquí, a partir de los hechos probados, en consideraciones sobre los medios y los fines de este personaje y sus entidades que en el 2002 ya actuaban en más de 50 países, sobre qué significa realmente el tibio calificativo empleado por el Sr. Monreal. Baste saber esto: En 2002, George Soros declaraba: «En la antigua Roma, sólo los romanos votaban. Bajo el capitalismo mundial moderno, sólo los estadounidenses votan. Los brasileños, ellos, no votan» (Declaración pública de George Soros durante el Forum Social de Porto Alegre, Brasil. Citado por la Red Voltaire.). Sólo apunto algo que ya cualquiera sabe, cualquiera, por supuesto, que se informe sólo un poco: el apoyo del especulador financiero a "una amplia serie de entidades y causas que, en su diversidad, abarcan algunas de orientación “progresista”, “radical” y de “izquierda”", como afirma el Sr. Monreal, no se debe utilizar como argumento del lado positivo de la actividad de este personaje expresado con un enfoque de aséptica neutralidad desidelogizada. No es casual que el núcleo fundamental de los economistas que acompañan y ejecutan sus múltiples proyectos, sean neoliberales.
La historia de cómo y con qué objetivos se apoyan las causas y los intelectuales "progresistas", "radicales" y de "izquierda", y por cierto, también comunistas renegados o desencantados, creando y financiando medios, revistas, premios y simposios, se encuentra profusamente documentada y analizada en el libro de Frances Stonor Saunders, La CIA y la guerra fría cultural.
Todo esto recuerda una pregunta que Retamar dirigía a un escritor latinoamericano cooptado como director de una revista que después se confirmó era financiada por la CIA, pregunta plenamente vigente: "¿O debemos creer que el imperialismo norteamericano (...) se ha entregado de repente al patrocinio desinteresado de las puras tareas del espíritu en el mundo.?